Normativa para resolver los conflictos de uniones extramatrimoniales

30 de octubre, 2015
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No existe analogía entre la normativa para resolver los conflictos de uniones extramatrimoniales y la normativa para las uniones matrimoniales.

La cuestión que vamos a tratar en este artículo es si en ASUNTOS ECONÓMICOS se puede aplicar por analogía a las relaciones extramatrimoniales la normativa jurídica reguladora de las relaciones matrimoniales, y a este respecto y siguiendo la doctrina jurisprudencial, hay que RESPONDER QUE NO SE PUEDE.

Son innumerables las sentencias dictadas, pronunciándose todas ellas por la imposible aplicación, por analogía a las uniones «more uxorio« de las normas jurídicas reguladoras de la unión matrimonial, ya que falta la semejanza o identidad de razón entre la unión de hecho y la unión matrimonial.

Un examen analógico-comparativo de las uniones extramatrimoniales y las matrimoniales nos ofrecen unas considerables diferencias: así, mientras las primeras son simplemente fácticas, están al margen del acto formal matrimonial, canónico o civil; las segundas no, lo que da lugar a que respecto de estas últimas surjan una serie de derechos a la vez que muy diversas obligaciones; tal acontece por EJEMPLO con la creación del status jurídico de casado/a que tampoco es de aplicación a las uniones more uxorio; o lo mismo acontece con los requisitos que la disolución de las matrimoniales requieren y no juegan para las uniones de hecho, etc.Normativa para resolver los conflictos de uniones extramatrimoniales

La normativa para resolver los conflictos de uniones extramatrimoniales en su aspecto económico, por tanto, no puede ser la misma que para resolver la de los conflictos matrimoniales.  Tendrán que aplicarse para las «extramatrimoniales» las normas jurídicas generales que disciplinen esa concreta controversia, debiendo acudirse a los actos entre los convivientes, que patenticen su voluntad de constituir un condominio o una sociedad particular o universal, y, estos pactos expresos o tácitos (como la «facta concludentia«) entre los integrantes de la unión extramatrimonial, debe inequívocamente evidenciar si su voluntad fue la de hacer común todos o algunos de los bienes adquiridos durante la duración de la unión de hecho.

Siguiendo la Sentencia de la AP Madrid (Sección 21ª) de 28 abril de 2015, que nos ha parecido interesante en cuanto a la explicación didáctica que hace sobre este asunto, y más concretamente sobre la normativa para resolver los conflictos de uniones extramatrimoniales, señalamos como extractos más importantes los siguientes:

1º.-  A la normativa para resolver los confictos de uniones extramatrimoniales no cabe aplicarles la normativa de las uniones matrimoniales.

2º.-  La convivencia extramatrimonial o de hecho no comporta, de por sí, la creación de una comunidad de bienes, del tipo que sea, respecto a los bienes adquiridos durante la convivencia, que emergería al romperse o disolverse esa convivencia, sino que, en principio, respecto de los bienes adquiridos por ambos convivientes habrá una comunidad de bienes y los adquiridos por uno solo de los convivientes serán de la propiedad exclusiva del conviviente que lo haya adquirido.

3º.-  Para que un bien adquirido durante la convivencia extramatrimonial por uno solo de los convivientes deba ser considerado, tras la ruptura o disolución de la convivencia, común de ambos convivientes debe concurrir una voluntad de los convivientes en tal sentido, manifestada a través de:

  • un «pacto expreso«.
  • la existencia de un pacto tácito, deducido de hechos concluyentes o inequívocos o la «facta concludentia» (aportación continuada y duradera de las ganancias o del trabajo de los convivientes al acervo común) evidenciadores de que la inequívoca voluntad de los convivientes fue la de hacer comunes todos o algunos de los bienes adquiridos onerosamente durante la duración de la unión de hecho.

4º.-  La Sentencia del Tribunal Supremo de 12 de septiembre de 2005 declara que las consecuencias económicas de las uniones extramatrimoniales deben ser reguladas en primer lugar por Ley específica; en ausencia de la misma se regirán por el pacto establecido por sus miembros, y, a falta de ello, en último lugar por aplicación de la técnica del enriquecimiento injusto.

Igualmente señala el Alto Tribunal que no se requiere que el pacto regulador de las consecuencias económicas de la unión de hecho sea expreso. Se admiten los pactos tácitos, que se pueden deducir de los facta concludentia, debidamente probados durante el procedimiento. Entendiendo el  TS  que se puede colegir la voluntad de los convivientes de hacer comunes todos o algunos de los bienes adquiridos durante la convivencia siempre que pueda deducirse una voluntad inequívoca en este sentido.

Los bienes adquiridos durante la convivencia no se hacen comunes a los convivientes, por lo que pertenecen a quien los haya adquirido; sólo cuando de forma expresa o de forma tácita (por medio de hechos concluyentes) se pueda llegar a determinar que se adquirieron en común, puede producirse la consecuencia de la existencia de dicha comunidad.

 

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